Reformas judicial y educativa 2012: mismos errores

 

Reformas judicial y educativa 2012: mismos errores

Bernardo Naranjo

 

La reforma judicial recién aprobada por el Congreso y publicada por el Ejecutivo tiene varias características muy similares a la reforma educativa emprendida por el Presidente Peña Nieto a inicios de su sexenio, específicamente en lo referente a la evaluación para la permanencia docente. Sin duda se trata de políticas públicas de muy distinta naturaleza en diferentes ámbitos, pero es difícil ignorar la repetición de patrones que, en el caso de la reforma educativa, resultan esenciales para entender el porqué de su corta vida.

Encontramos al menos las siguientes similitudes:

  1. Aspectos esenciales de ellas no están respaldados por la evidencia
  2. Parecen estar muy influenciadas por rencillas personales
  3. Señalan a un grupo específico como culpable de grandes males
  4. Su diseño ignoró opiniones muy calificadas, incluyendo a los propios responsables de implementarlas
  5. Se plantea aprobarlas rápido e implementarlas en grande desde el principio
  6. Se ponen en marcha sin asegurar las capacidades técnica, financiera, operativa y política necesarias para llevarlas a cabo
  7. Nacen con importantes contradicciones de origen

 

Las reformas

La reforma judicial introduce cambios significativos en el sistema de impartición de justicia. Resaltamos los siguientes:

 

La reforma educativa, aprobada en diciembre de 2012, partió de una enmienda constitucional para establecer cambios sustanciales en el sistema educativo. El más relevante fue el establecimiento del Servicio Profesional Docente, con su respectiva Ley (LSPD), que determinaba los términos y condiciones para la promoción, reconocimiento y permanencia en el servicio de maestras y maestros, incluyendo los procesos de evaluación respectivos.

Si bien la reforma proponía asignar plazas docentes y ascensos por la vía de concursos de oposición, la autonomía del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y otros componentes, en el presente análisis nos referiremos exclusivamente al que causó mayor controversia: la evaluación para la permanencia, que establecía que todos los docentes debían de evaluarse cada cuatro años para determinar si requerían capacitación o, en caso de reincidir con resultados insuficientes en tres ocasiones, debían ser retirados de las aulas.

 

1.       Falta de evidencia

Emprender cambios en el quehacer público requiere contar con una certeza razonable de que las propuestas cuentan con viabilidad técnica, legal, financiera, operativa y política. Cuando se trata de acciones nuevas en el país, y más aún si tienen grandes repercusiones en la vida pública, es deseable recurrir a la investigación relevante, al diálogo inclusivo y, de haberla, a la experiencia en otros lugares. Ambas reformas carecen de estos elementos. La bibliografía existente no ofrece elementos que soporten su puesta en operación y, en cuanto a experiencias internacionales, la evaluación universal docente tenía en Chile a un referente de muy reciente implementación que aún no demostraba sus beneficios, mientras que la reforma judicial tiene como único antecedente lo puesto en marcha en Bolivia, con similares limitaciones para establecerse como parámetro.

 

2.      Las rencillas personales que inciden en las reformas

Al iniciar su gestión, el Presidente Peña Nieto nombra como Secretario de Educación Pública a Emilio Chuayffet, quien tenía un antecedente de confrontación directa con la maestra Elba Esther Gordillo, entonces líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) cuando ambos eran diputados federales. Recuerdo a la Mtra. Gordillo avalar la reforma, siempre y cuando se excluyera la palabra “permanencia”. En otros tiempos, esa reserva sindical hubiese sido aceptada, pero al parecer los rencores existentes combinados con el poder presidencial del momento fueron motivos para ignorar la propuesta sindical, que hoy sabemos era correcta.

La rencilla personal del Presidente López Obrador con la Ministra Presidenta Lucía Piña es por demás conocida. Ella ha debido trabajar en un ambiente político especialmente adverso alimentado por múltiples referencias negativas y descalificaciones directas por parte del propio Presidente. Todas sus solicitudes de diálogo y sugerencias fueron sistemáticamente rechazadas por el Ejecutivo y sus afines. Al igual que en la evaluación de permanencia de la reforma educativa, la emoción parece haber desplazado a la razón.

 

3.      Señalaron a un grupo específico como culpable de los grandes males

De acuerdo con el discurso de la reforma educativa 2012, el SNTE y su lideresa, Elba Esther Gordillo, eran importantes obstáculos para mejorar la calidad en el sistema educativo. Funcionarios y organizaciones de la sociedad civil respaldaban esta hipótesis y el discurso funcionó para impulsar la reforma e incluir en ella a la evaluación de permanencia. Con el tiempo, el SNTE hábilmente logró que los docentes percibieran las críticas al sindicato como una acusación al magisterio en general, y las características de la evaluación de permanencia contribuyeron enormemente a ello.

El discurso de la reforma judicial señala a los jueces como grandes responsables de las ineficiencias en la administración de justicia, como lo subrayan tanto el Presidente López Obrador como los representantes de su partido en el Congreso. No hay mención alguna a otros actores fundamentales en la impartición de justicia como son los ministerios públicos y las fiscalías.

Los señalamientos incisivos a un actor en particular empobrecen el diagnóstico y dificultan una comprensión más amplia y objetiva de los retos a atender. Todo ello reduce sus posibilidades de éxito.

4.      Su diseño ignoró a voces muy calificadas, incluyendo a los propios responsables de implementarlas

En la reforma educativa de 2012, amplios sectores del magisterio veían en la evaluación de permanencia un señalamiento injusto a su labor y un elemento innecesario de amenaza a la estabilidad laboral. Si bien toda reforma educativa recibe críticas importantes por parte de grupos tradicionalmente adversos al partido en el gobierno, esta vez las opiniones contrarias provinieron también de docentes y organizaciones magisteriales que normalmente no se movilizaban contra las decisiones gubernamentales. Sus voces fueron minimizadas o ignoradas.

La reforma judicial repite el esquema: académicos, organizaciones de abogados, estudiantes, empresarios y empleados del Poder Judicial, entre otros, han manifestado su oposición a aspectos concretos de la reforma. Sus reservas y propuestas no fueron puestas a debate.

Es especialmente imprudente ignorar a los empleados del Poder Judicial, como antes se hizo con los docentes, pues representa agraviar a quienes habrán de tener en sus manos la implementación de las reformas. El resultado ahora podría ser el mismo que entonces. 

 

5.      Se plantea aprobarlas rápido e implementarlas en grande desde el principio

La complejidad de ambas reformas, combinada con su novedad, debía ser motivo para maximizar la prudencia. No hay manera de prever todos los retos que se habrán de presentar en su implementación, por lo que se podría comenzar con algún piloto (por ejemplo, un nivel educativo o algunos estados si se trata de lo educativo; un número acotado de jueces y magistrados, en el caso de lo judicial) que permita conocer su implementación y ajustar su diseño antes de proponer su inclusión en la Constitución y su operación a escala nacional. Pero los políticos con mucha frecuencia buscan que las cosas ocurran rápido, bien y a escala nacional para mandar un mensaje de fuerza política, de altas aspiraciones y de capacidad operativa. La experiencia, sin embargo, aconseja elegir: si se quiere rápido y bien, no se recomienda comenzar en grande; cuando la prioridad es hacerlo en grande, hay que cuidar el equilibrio con la rapidez para no afectar la calidad.

La reforma judicial debía estar aprobada en septiembre a petición del Presidente, aun cuando ello representaba riesgos importantes. El líder del partido mayoritario propuso públicamente que su aprobación se viera como un regalo de despedida al titular del Ejecutivo. La reforma educativa fue la primera de la administración del Presidente Peña Nieto, y su aprobación en el Congreso ocurrió apenas tres semanas después de su toma de posesión.

La prisa obligó a los responsables de estas reformas a minimizar los muy necesarios procesos de consulta y concertación. Ambas parecen priorizar los significados por encima de los contenidos, y ello representa un gran riesgo para el éxito de cualquier acción pública. 

 

6.      Se ponen en marcha sin asegurar las capacidades técnica, financiera, operativa y política necesarias para llevarlas a cabo

La reforma educativa, como estaba planteada en la ley, exigía contar en lo inmediato con instrumentos de evaluación apropiados para docentes de todos los niveles y todas las asignaturas; un número enorme de personas calificadas para su aplicación y calificación; esquemas de capacitación específicos para atender las oportunidades de cada docente; capacitadores de calidad en todo el país, etc. Estábamos muy lejos de contar con ello y hacerlo requería varios años de trabajo intenso.

En la reforma judicial, las cosas no se ven muy diferentes. La complejidad de los cambios a realizar, combinada con una elección de jueces y magistrados de gran escala a realizarse en 2025, obligará a acelerar las leyes secundarias; la creación de los nuevos organismos; el diseño detallado de mecanismos de selección de jueces y magistrados; la elaboración de los instrumentos a utilizar en el proceso de evaluación; la inducción a sus puestos; la puesta en marcha de mecanismos que minimicen el impacto de los cambios en la gestión de asuntos en marcha, etc. Mientras se transforma, el Poder Judicial seguirá recibiendo el trabajo que ya hoy lo rebasa, por lo que habremos de esperar afectaciones importantes en su operación agravadas por la curva de aprendizaje de quienes recién se incorporen. Las afectaciones provocarán rezagos y el crecimiento de los rezagos tenderá a disminuir el apoyo político hacia la reforma.   

 

7.      Nacen con importantes contradicciones de origen

Una reforma educativa, en su sentido más amplio, debe plantearse como resultado de un proceso de diálogo y construcción colectiva sustentado en la evidencia. Sin ésta, la evaluación para la permanencia pareció más bien una decisión derivada de un diagnóstico que sobredimensionó la responsabilidad del sindicato en el retraso educativo, alimentado por el rencor hacia una líder nacional que en realidad no mostraba una postura beligerante hacia los otros cambios propuestos. Lo educativo se volvió vindicativo. Eso tuvo graves consecuencias: si bien hacia el final de ese sexenio los concursos para el ingreso y la promoción docente gozaban de un respaldo mayoritario del magisterio, la evaluación para la permanencia presentaba un fuerte rechazo.

La reforma judicial, que por su naturaleza debiera ser ejemplo de justicia y legalidad, pudo avanzar por el desdén hacia varias suspensiones otorgadas por jueces y tribunales federales antes de promulgar la reforma. Más aun, la mayoría calificada necesaria en el Senado de la República para pasar la reforma constitucional se debió construir con una negociación que ofreció a un Senador de oposición no ejecutar órdenes de aprehensión hacia su familia a cambio de su voto. Es una reforma que nace incumpliendo procesos y negociando la justicia, lo cual lastima su legitimidad.

 

Conclusión

La historia se repite. Quienes en teoría son adversarios, actúan de manera muy similar ante la posibilidad de hacerlo. La lógica política se sobrepone a la legal y a la educativa. En este último caso el precio fue muy elevado para el gobierno, pero también para el país. Por una parte, la reforma educativa representó un reto constante para la gobernabilidad y la popularidad del Presidente Peña Nieto, pero por la otra la educación se vio afectada en 2019 por una contrarreforma que de inmediato eliminó la innecesaria evaluación para la permanencia, pero también borró la palabra “calidad” de toda la normatividad educativa y revirtió componentes académicamente valiosos, como lo eran los concursos de ingreso y promoción, entre otros aspectos.

La reforma judicial, una vez que comiencen a resentirse sus limitaciones, podría también marcar la gestión de la Presidenta Sheinbaum por haberla avalado. Al final, y luego de un enorme y evitable desgaste, es muy probable que debamos seguir esperando un Poder Judicial eficaz en la impartición de justicia, así como hoy aun esperamos una política educativa menos política y más educativa.

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